... Iba de regreso en un automóvil, me parece que fué una fiesta, como era muy tarde me pesaban los párpados y sentía mucho sueño, mi cuerpo se perdía en la inconsciencia, Oscar iba al volante, parecía orgulloso de golf azúl eléctrico y me hablaba de la maravilla que era su vehículo y cuanto le dolía separarse de él, ya que planeaba venderlo.
Honestamente mi cansancio era mucho y yo parecía ignorarlo; El siempre fué buena persona el hace las cosas que yo no alcanzo a realizar por pereza o por egoismo, él es el típico hombre que hace buenas obras, yo bastante tengo con intentar arreglar mi vida.
Llevabamos como dos horas de camino e ibamos saliendo del pueblo, ( no sé cual, no sé por qué) calculo como las tres de la mañana, entre mis ojos cerrándose y la falta de señal en el radio del automóvil , termine por cabecear de manera intermitente, -del lado derecho - decía Oscar, al mismo tiempo que el coche bajaba su velocidad, mira mira- repetía, al enfocar mi mirada noté: Una niña con vestido negro, de esos de faldita corta y encaje blanco con el cabello negro largo brillante y con la caebza agachada.
No Oscar no te pares, una angustía invadió mi pecho, sabía que eso era como en los relatos de camioneros, claro que si -repetía OScar- al detenerse el auto ella entro a la parte de trasera del vehículo, no recuerdo como abrió la puerta o si estaba muy austado como para recordarlo. Oscar le preguntó quién eres? a loq ue ella respondió soy la hija, le dije a oscar con mucha desesperación, -no1 no le preguntes que de quién no le preguntes!- hija de quién preguntó Oscar?-
HIja del diablo, recuerdo una bruma negra una sensación de caida un grito de niña prolongado y un despertar acelerado, recorriendo las sábanas con mis manos, volteando a los rincones de la habitación buscando en la oscuridad algún indicio de cordura, Soñaste feo? me dijo mi mujer -si, sí así fué -contesté, no existé mejor sensación que el alivio, ahora sabía que no era real y que podría descansar de un sobre salto ficticio, tome aire, no puede negar que me causó gracia asustarme como cuando era niño y tenía pesadillas, no volveré a cenar pesado me dije.
Así que cambié mi posición para conciliar el sueño una vez más, cerré los ojos y empecé a caer en esa bendita inconsciencia, en cuanto más me acercaba, ahí estaba ella, la niña de vestido negro parada ausente y alerta esperando, volví a tener ese sobre salto, y cada vez más difícil era tratar de dormir cada que cerrba los ojos, ella me esperaba sabía que estaba ahí y que ella tenía todo el tiempo del mundo.
Ayer por la noche ...no dormí, no volveré a cenar pesado.